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Archive for March 2011

Día internacional de la mujer: 150 años después, y ¿a dónde hemos llegado?

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Lisístrata era una matrona ateniense que decidió tomar una iniciativa para detener el avance de la guerra entre Atenas y Esparta. Reunió a todas las mujeres de la Acrópolis y las convenció de llevar a cabo un juramento: que no volverían a tener relaciones sexuales con sus cónyugues o amantes hasta tanto no se firmara la paz. Los hombres, desesperados frente a esta situación, accedieron a las demandas de las mujeres y la guerra se terminó.

Nuestras cadenas

En esta comedia de Aristófanes se retrata la primera rebelión femenina de nuestro mundo occidental. Desde ahí y hasta el día de hoy, hemos llegado a tener nuestra propia festividad: el día internacional de la mujer (trabajadora), que se celebra el 8 de marzo. Aquel día, pero de 1857, un grupo de costureras decidió tomar la fábrica textil donde trabajaba, en Nueva York, para reclamar salarios dignos y condiciones de trabajo humanas. Los dueños del capital, como buenos hombres de negocios, cerraron la fábrica con candado, con todas las mujeres adentro, y sin más reparo la incendiaron.

Siempre tiene que ocurrir una salvajada de estas proporciones para que alguien se levante y diga “esto está mal”. Pero, ¿acaso se ha llegado a un modelo de igualdad de clase entre hombres y mujeres desde aquel terrible 8 de marzo de 1857 hasta el día de hoy? La situación de las obreras de aquel entonces se sigue repitiendo 150 años después, en nuestro presente. La mujer sigue siendo víctima de la esclavitud y de la opresión del poder económico que, siempre fiel a su consigna de crecer, crecer y crecer, dispone de las vidas de todos. Un buen ejemplo de esto es lo que ocurre en Ciudad Juárez (México): las maquiladoras ofrecen trabajo a un buen número de mujeres (cabe destacar que el 80% de las obreras de las empresas manufactureras son mujeres) y les paga un salario miserable por jornadas laborales ridículamente extensas en condiciones más que deplorables. ¿Acaso una mujer que tiene hijos que mantener tiene una opción? ¿Acaso existe otra cosa mejor para ella?

Pero la mujer no solamente sufre la opresión del sistema económico (opresión que del mismo modo sufre el hombre). También es víctima de la opresión de género. En otras palabras, la mujer es oprimida por el hecho de ser mujer.

El cuerpo femenino ha sido históricamente un objeto al servicio del hombre. Volviendo a la comedia de Lisístrata, resulta claro cómo ella decide su propio accionar al tomar consciencia de cuál es el único poder que tiene en sus manos; el poder que reside en su cuerpo, y nada más. Ahora, en el presente, pensemos cuán habituados estamos a ver cuerpos de mujeres expuestos en los medios gráficos, en la televisión, usados para vender otras cosas, en revistas para hombres. El sexo es un mercado; el hombre es el que compra, el que vende y la mujer es lo que se compra y vende. Tal es nuestra costumbre a esta situación que nos parece relativamente inofensiva, o no reparamos en sus consecuencias. Pero las tiene y son mucho más graves y horrorosas de lo que cualquiera pueda imaginar.

Según las estadísticas de muchos organismos oficiales (como la ONU), la primer causa de muerte para mujeres de entre 15 y 44 años es la violencia. La mujer es víctima de la violencia por el sólo hecho de ser mujer. Esto es una violación a los derechos humanos que en general no tiene tanta consideración como otros tipos de persecusiones. Por ejemplo, las persecusiones por ideología, religión, etnia, son consideradas como violaciones a los derechos humanos, pero nadie se detiene mucho en el concepto de la persecusión de la mujer. ¿Por qué? Porque estamos demasiado acostumbrados a ella. Porque a muchos hombres simplemente no les importa. No lo ven. No lo sienten. Porque las mujeres están impotentes ante la dominación masculina, ante la objetivización de sus propios cuerpos. Las mismas mujeres consideran que es normal ver a sus cuerpos expuestos como cosas.

En los territorios asediados por la guerra, las mujeres son consideradas como botín. Esto ha ocurrido siempre y ocurre hasta el día de hoy, aunque resulte difícil de creer. Tomemos el caso de Colombia. Se habla de la guerra, de la violencia y de los asesinatos que sufre toda la población por igual. Pero poco sabemos acerca del trato de militares y paramilitares para con las mujeres. Ellas, y sobre todo las más pobres (como siempre) son las más vulnerables a sufrir el odio y la violencia por parte de los actores armados, porque corren el terrible peligro de ser violentadas sexualmente. Y la violación sexual en zonas de guerra es algo que ocurre sistemáticamente pero nadie lo dice. Hay muchos crímenes de guerra; la violación no es uno de ellos. ¿Por qué? Porque a nadie le importa. Los perseguidos políticos, o por su religión o etnia, pueden pedir asilo político en algún otro territorio amigo. Pero las mujeres perseguidas por su género no pueden hacerlo porque nadie considera que se trate de una persecusión. Esa es la ley que rige nuestras vidas y nuestros cuerpos hoy en día. Una ley que nos dice que nuestros cuerpos no son dignos de protección.

El tema de la violencia contra la mujer es sumamente amplio y tiene muchísimas expresiones a lo largo y ancho del planeta y de la historia. Casi siempre se trata de historias ocultas; historias que nadie conoce y que nadie dice. En la actualidad, 1 de cada 3 mujeres son vícimas de la violencia de género. Estamos hablando de 1 tercio de la población mundial femenina que es víctima (y lo seguirá siendo) de innumerables formas de violencia: acoso, violación, mutilación, explotación, esclavitud, secuestro, violencia familiar y doméstica e incluso exterminio y genocidio (por ejemplo, el caso de la guerra en Ruanda en el año 1994).

Mientras tanto, nos parece poca cosa que una mujer tenga que soportar comentarios insultantes cuando camina por la calle. Que tenga que asistir en silencio a que se le falte al respeto como si nada, como si no fuera nadie, como si no mereciera consideración o miramiento. Que no pueda hacer nada al respecto, sólo seguir caminando mientras ve los kioskos de revistas atestados de fotos de mujeres desnudas y carteles publicitarios con su propio cuerpo expuesto al lado de un coche o en un partido de fútbol. Que no pueda ni siquiera quejarse, porque le van a decir que es una exagerada, que no es para tanto, que debería tomárselo como un halago. Así como la mujer tolera una falta de respeto en silencio, como consecuencia de esta exposición degradante en otro lado hay otra mujer que en silencio es violada, explotada, asesinada. Son expresiones de un mismo hecho: la violencia de género. Porque esta situación es una creación del sistema capitalista; es parte de una cultura consumista y vejatoria que le pone valor numérico a todo, incluyendo los seres vivos, y que hace creer a las personas que pueden llevar a cabo los actos más espantosos e inhumanos por el sólo hecho de tener impunidad para hacerlo.

Cada vez que miremos al futuro y nos imaginemos la clase de sociedad que queremos tener, libre de la opresión del capital, hombres y mujeres tenemos que recordar que nuestros cuerpos deben ser los primeros que se liberen de esa opresión, que no somos bienes de consumo y que esta estrategia ha sido urdida para separarnos, para ponernos en bandos diferentes. Pero el día que comprendamos que somos uno y que tenemos el mismo objetivo ese futuro será posible, el día en que nos demos cuenta que la libertad de uno es la libertad de todos; que si la mujer es víctima de la violencia también (de otro modo) lo es el hombre. Nuestros destinos no están separados, sino todo lo contrario; van de la mano y es momento de empezar a verlo en pos del futuro que queremos para la humanidad.

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Written by Yanina Paula

March 9, 2011 at 5:05 am

Posted in América Latina

¿Quién es el criminal?

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Nuevamente, el poder estatal arremete en contra de los derechos civiles; como le es habitual, en contra de la voluntad popular. Esta vez se trata de una ciudadana argentina, Alicia Castilla, la “señora cannabis”. Todos han visto, aunque sea de paso, su libro, Cultura cannabis, en los quioscos de revistas. Ella misma hizo todo el trabajo: lo escribió, lo editó y luego lo distribuyó por muchísimos lugares de Buenos Aires. Cuenta que los canillitas creían que les iba a dar un libro de poemas, y que les cambiaba la cara cuando veían la chala impresa en la tapa de los libros. Luego de repartirlos se tomaba el colectivo de vuelta a su casa y en el viaje empezaba a recibir llamados de los quiosqueros a quienes les había repartido el libro pidiéndole más ejemplares. También ella misma fue a venderlos. Se puso un puestito en plaza Francia y, como era de esperarse, fue un éxito, sobre todo entre sus compañeros de feria.

¿Esto es un crimen?

Alicia Castilla es una mujer de 59 años, es licenciada en ciencias de la educación y psicoanalista. En su biblioteca cuenta con libros como Plantas de los dioses, Historia general de las drogas, Las puertas de la percepción. Es una pionera en materia de difusión de información acerca del cannabis, y eso le ha costado caro: ha enfrentado múltiples denuncias en una clara violación de su derecho de expresar sus ideas libremente. Pero, como todos sabemos, las ideas son peligrosas para aquellos que no quieren que se piense. En estos tiempos la sociedad exige un cambio de perspectiva con respecto al cannabis y exige el reconocimiento y aval del autocultivo (práctica que ha sido promovida por Alicia en otro de sus libros, Cultivo cannabis). Pero el autocultivo también parece ser peligroso para el poder económico.

Es evidente el rotundo fracaso de la política anti-drogas llevada a cabo por éste y otros (casi todos) gobiernos. Constantemente vemos entrar a las cárceles a personas que han sido llevadas por fumarse un porro o por cultivar algunas plantas sin ningún fin comercial. Del mismo modo, vemos a nuestro alrededor ese oscuro poder llamado narcotráfico, al que sabemos poseedor de mansiones, aviones, pistas de aterrizaje, zoológicos, diputados, presidentes. Personas que a pesar de estar violando la ley de modo flagrante, gozan de impunidad total y de protección de los gobiernos que tienen dentro de su bolsillo. Y la ciudadanía asiste inerme a la hipocresía del poder estatal, cuyas leyes no son menos que un escupitajo en la cara. Alicia Castilla, nuevamente, ha sido víctima de este sistema hipócrita y corrupto hasta la médula.

Hace tan sólo algunos meses Alicia decidió mudarse a Salinas, Uruguay, en busca de una vida más tranquila. Pero esa tranquilidad no le duró casi nada, porque un vecino “anónimo” la denunció por tener sus plantitas: en total eran 29 plantines y 24 gramos de marihuana. Una muestra más de la decadencia de nuestro sistema legal, político y judicial, que atenta en contra del pueblo, persigue a quienes debería proteger y los convierte en criminales por el sólo hecho de cultivar una planta sagrada para el consumo personal. Es otro de los tantos atropellos en contra de los derechos civiles y la libertad (la verdadera libertad, no la de mentira que se compra con dinero). En este momento Alicia Castilla se encuentra detenida en Canelones (Uruguay) a la espera de un juicio que tiene una clara motivación política, porque, como ella misma lo afirma, el cultivo y el consumo de cannabis son hechos políticos de una sociedad que se planta frente al sistema y se seguirá plantando por siempre. La voz de Alicia Castilla no puede ser acallada ni siquiera desde una jaula. Al contrario, este hecho debe ponernos a todos más alertas que nunca y nuestro grito debe escucharse en todos los rincones; el grito por la libertad de Alicia, el grito por nuestra libertad.

Written by Yanina Paula

March 9, 2011 at 4:49 am