¿Hasta cuándo?

América Latina Libre y en Paz

Cerca de la revolución

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“Podemos hacer las cosas por nosotros mismos o pagar a otros para que nos las hagan. Son dos sistemas de abastecimiento y ocupación: sistema de suficiencia y sistema de organización”

Así comienza el prólogo (escrito por E. F. Schumacher) del libro “La vida en el campo”, de John Seymour. Se trata de un manual práctico que explica todo lo referente a las actividades que el hombre debe llevar a cabo para subsistir en el campo de modo que sólo trabaje para sí mismo y para su propio abastecimiento. En principio, nos puede parecer poco interesante o práctico a nosotros los que vivimos en ciudades; nos imaginamos que esa vida es casi una utopía, imposible de llevar a cabo en el mundo de hoy. Pero, sin embargo, la estamos llevando a cabo poco a poco y casi sin darnos cuenta, cuando cultivamos nuestras plantas de cannabis. Y al cultivarlas estamos haciendo, lisa y llanamente, una revolución popular.

La demanda por un cambio de perspectiva con respecto a la marihuana empezó como una idea latente, tal vez un deseo que las generaciones pasadas consideraban irrealizable, acá en Argentina. Hoy en día realizamos nuestra demanda a gritos porque ya estamos hartos de tener que quedarnos callados, de no poder hablar de ciertas cosas. Hay un proyecto de ley muy prometedor; hay revistas y publicaciones que se venden en cualquier kiosco de diarios, incluso libros (como los de Alicia Castilla). Internet rebosa de información acerca de cómo cultivar plantas en exteriores, indoors, para el que vive en un terreno grande y para el que tiene un departamentito en microcentro. Todos tienen la posibilidad de cultivar marihuana y cada vez más lo están haciendo. Ya no hay forma de parar esta demanda porque ya tiene vida propia y el debate está instalado en la sociedad. ¿Y qué es esto sino una genuina reforma popular impulsada por la práctica?

En primer lugar, la demanda por el auto-cultivo encierra en sí misma dos enormes ¡NO!: El ¡NO! a la prohibición y el ¡NO! al narcotráfico. No es que ya no se compre porro ahora, pero antes el que quería fumar tenía que comprar sí o sí. Era una actividad clandestina y, como tal, peligrosa de llevarse a cabo. Uno estaba obligado a comportarse como un criminal, corría el peligro de enfrentarse a policías, podía caer preso y adquirir prontuario. Hoy por hoy estamos todos cansados de que nos impongan una prohibición que encontramos absurda, pero también somos conscientes del poder que tiene el narcotráfico y de cuán enquistado está en los estamentos del Estado. ¿Por qué la única opción que tenemos es comprar porro que no sabemos ni de dónde viene, ni quién lo cultivó o en qué condiciones? ¿Por qué tenemos que engordarle los bolsillos al narcotraficante que tiene todo el control de la producción y al político que hace posible la distribución? Sabemos perfectamente que el negocio que está detrás de la droga es oscuro; vemos la hipocresía del sistema que manda a la cárcel al pibe que se fuma un porro en la plaza y da piedra libre al que se hizo millonario (a él y a unos cuantos más) traficando droga.

Después de haber reflexionado sobre esta situación hipócrita y contraria al interés humano y popular, hemos llegado a la única solución posible: el auto-cultivo. Y ahí es donde reside la verdadera revolución: no sólo no vamos a admitir alguien que nos prohíba fumar una planta, sino que tampoco queremos comprarla. En este mundo capitalista en el que los seres humanos nos definimos casi exclusivamente como consumidores, gracias al auto-cultivo nos definimos como independientes y solidarios. Independientes porque cada quien se provee de sus propias plantitas; solidarios porque cuando llega la época de cosecha llega la hora de compartirla con todos.

Cuando cultivamos una planta para nuestro propio consumo, establecemos una relación especial con ella y deja de ser un mero producto para convertirse en parte esencial de nuestra vida. No es algo que va de la mano del puntero a la nuestra y fumamos y ya: es algo que vemos crecer, que alimentamos, que cuidamos y gracias a todo eso, comenzamos a conocer más sobre cómo es realmente. Establecemos una relación entre nosotros y la planta; ni somos consumidores ni ella es un mero objeto de consumo. De a poco nos vamos informando más sobre cómo es, las características que tiene, las distintas especies, sus necesidades de luz, agua, comida; y nos conocemos más a nosotros mismos también.

Ahora volvamos un poco y releamos las palabras de E. F. Schumacher al inicio de esta nota. El autocultivo es un signo inequívoco del sistema de suficiencia, en el que los humanos pueden y de hecho hacen las cosas por sí mismos. Esto no significa volver al pasado, como piensan algunos, ni volverse ultra individualista, como piensan otros. Es volver a tener una relación con el medio ambiente y a darle un nuevo sentido a las cosas que necesitamos para vivir. No un sentido corporativo, que es el que tienen las cosas ahora, sino uno en el que la relación entre los seres que conviven es solidaria, no parasitaria. Hoy por hoy los humanos somos los parásitos del planeta. Tomamos todo y no devolvemos nada. Pero con la promoción del cultivo de cannabis las cosas están empezando a cambiar.

Lo que parecía imposible de “La vida en el campo” es posible hoy porque lo estamos viendo y viviendo cada vez que cultivamos una planta para luego fumarla. Tal vez parezca poca cosa. Es una planta, dirán, una entre miles y miles. Pero pensemos que en tiempos pasados cultivar esta planta también parecía imposible, sobre todo en el medio de un barrio cualquiera de la Capital. Hoy es la marihuana pero mañana podrán ser el tomate, la lechuga, la zanahoria. Las plantas medicinales con las que reemplazaremos la industria de fármacos. Las energías alternativas que nos van a dar todo lo necesario para que dejemos de depender de la industria del combustible fósil. Todo lo que necesitamos está ahí, sólo que un puñado de CEOs ahora lo llama “suyo” y nos lo vende porque tiene el poder para extraerlo, tratarlo, refinarlo, purificarlo, masacrarlo.

El cultivo propio es contrario a los intereses corporativos y por lo tanto favorable a los intereses humanos. La difusión de esta práctica ya es imparable y con ella vendrán muchas más acorde al sistema de suficiencia. Estamos ante el primer germen de la revolución por la suficiencia y la verdadera independencia. ¡Y todo gracias a la marihuana! La imagen del fumón se trastocó mucho a lo largo del tiempo: de drogón empedernido, inyectándose heorína mientras le chorea la cartera a una ancianita, a un colgado total (benigno al menos) que no sabe ni dónde está parado, a un individuo consciente de sí mismo, con las ideas claras y la voz siempre lista para defenderlas. Falta una imagen más todavía: la del revolucionario que pudo empezar a cambiar el mundo.

Written by Yanina Paula

June 6, 2011 at 9:10 pm

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Día internacional de la mujer: 150 años después, y ¿a dónde hemos llegado?

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Lisístrata era una matrona ateniense que decidió tomar una iniciativa para detener el avance de la guerra entre Atenas y Esparta. Reunió a todas las mujeres de la Acrópolis y las convenció de llevar a cabo un juramento: que no volverían a tener relaciones sexuales con sus cónyugues o amantes hasta tanto no se firmara la paz. Los hombres, desesperados frente a esta situación, accedieron a las demandas de las mujeres y la guerra se terminó.

Nuestras cadenas

En esta comedia de Aristófanes se retrata la primera rebelión femenina de nuestro mundo occidental. Desde ahí y hasta el día de hoy, hemos llegado a tener nuestra propia festividad: el día internacional de la mujer (trabajadora), que se celebra el 8 de marzo. Aquel día, pero de 1857, un grupo de costureras decidió tomar la fábrica textil donde trabajaba, en Nueva York, para reclamar salarios dignos y condiciones de trabajo humanas. Los dueños del capital, como buenos hombres de negocios, cerraron la fábrica con candado, con todas las mujeres adentro, y sin más reparo la incendiaron.

Siempre tiene que ocurrir una salvajada de estas proporciones para que alguien se levante y diga “esto está mal”. Pero, ¿acaso se ha llegado a un modelo de igualdad de clase entre hombres y mujeres desde aquel terrible 8 de marzo de 1857 hasta el día de hoy? La situación de las obreras de aquel entonces se sigue repitiendo 150 años después, en nuestro presente. La mujer sigue siendo víctima de la esclavitud y de la opresión del poder económico que, siempre fiel a su consigna de crecer, crecer y crecer, dispone de las vidas de todos. Un buen ejemplo de esto es lo que ocurre en Ciudad Juárez (México): las maquiladoras ofrecen trabajo a un buen número de mujeres (cabe destacar que el 80% de las obreras de las empresas manufactureras son mujeres) y les paga un salario miserable por jornadas laborales ridículamente extensas en condiciones más que deplorables. ¿Acaso una mujer que tiene hijos que mantener tiene una opción? ¿Acaso existe otra cosa mejor para ella?

Pero la mujer no solamente sufre la opresión del sistema económico (opresión que del mismo modo sufre el hombre). También es víctima de la opresión de género. En otras palabras, la mujer es oprimida por el hecho de ser mujer.

El cuerpo femenino ha sido históricamente un objeto al servicio del hombre. Volviendo a la comedia de Lisístrata, resulta claro cómo ella decide su propio accionar al tomar consciencia de cuál es el único poder que tiene en sus manos; el poder que reside en su cuerpo, y nada más. Ahora, en el presente, pensemos cuán habituados estamos a ver cuerpos de mujeres expuestos en los medios gráficos, en la televisión, usados para vender otras cosas, en revistas para hombres. El sexo es un mercado; el hombre es el que compra, el que vende y la mujer es lo que se compra y vende. Tal es nuestra costumbre a esta situación que nos parece relativamente inofensiva, o no reparamos en sus consecuencias. Pero las tiene y son mucho más graves y horrorosas de lo que cualquiera pueda imaginar.

Según las estadísticas de muchos organismos oficiales (como la ONU), la primer causa de muerte para mujeres de entre 15 y 44 años es la violencia. La mujer es víctima de la violencia por el sólo hecho de ser mujer. Esto es una violación a los derechos humanos que en general no tiene tanta consideración como otros tipos de persecusiones. Por ejemplo, las persecusiones por ideología, religión, etnia, son consideradas como violaciones a los derechos humanos, pero nadie se detiene mucho en el concepto de la persecusión de la mujer. ¿Por qué? Porque estamos demasiado acostumbrados a ella. Porque a muchos hombres simplemente no les importa. No lo ven. No lo sienten. Porque las mujeres están impotentes ante la dominación masculina, ante la objetivización de sus propios cuerpos. Las mismas mujeres consideran que es normal ver a sus cuerpos expuestos como cosas.

En los territorios asediados por la guerra, las mujeres son consideradas como botín. Esto ha ocurrido siempre y ocurre hasta el día de hoy, aunque resulte difícil de creer. Tomemos el caso de Colombia. Se habla de la guerra, de la violencia y de los asesinatos que sufre toda la población por igual. Pero poco sabemos acerca del trato de militares y paramilitares para con las mujeres. Ellas, y sobre todo las más pobres (como siempre) son las más vulnerables a sufrir el odio y la violencia por parte de los actores armados, porque corren el terrible peligro de ser violentadas sexualmente. Y la violación sexual en zonas de guerra es algo que ocurre sistemáticamente pero nadie lo dice. Hay muchos crímenes de guerra; la violación no es uno de ellos. ¿Por qué? Porque a nadie le importa. Los perseguidos políticos, o por su religión o etnia, pueden pedir asilo político en algún otro territorio amigo. Pero las mujeres perseguidas por su género no pueden hacerlo porque nadie considera que se trate de una persecusión. Esa es la ley que rige nuestras vidas y nuestros cuerpos hoy en día. Una ley que nos dice que nuestros cuerpos no son dignos de protección.

El tema de la violencia contra la mujer es sumamente amplio y tiene muchísimas expresiones a lo largo y ancho del planeta y de la historia. Casi siempre se trata de historias ocultas; historias que nadie conoce y que nadie dice. En la actualidad, 1 de cada 3 mujeres son vícimas de la violencia de género. Estamos hablando de 1 tercio de la población mundial femenina que es víctima (y lo seguirá siendo) de innumerables formas de violencia: acoso, violación, mutilación, explotación, esclavitud, secuestro, violencia familiar y doméstica e incluso exterminio y genocidio (por ejemplo, el caso de la guerra en Ruanda en el año 1994).

Mientras tanto, nos parece poca cosa que una mujer tenga que soportar comentarios insultantes cuando camina por la calle. Que tenga que asistir en silencio a que se le falte al respeto como si nada, como si no fuera nadie, como si no mereciera consideración o miramiento. Que no pueda hacer nada al respecto, sólo seguir caminando mientras ve los kioskos de revistas atestados de fotos de mujeres desnudas y carteles publicitarios con su propio cuerpo expuesto al lado de un coche o en un partido de fútbol. Que no pueda ni siquiera quejarse, porque le van a decir que es una exagerada, que no es para tanto, que debería tomárselo como un halago. Así como la mujer tolera una falta de respeto en silencio, como consecuencia de esta exposición degradante en otro lado hay otra mujer que en silencio es violada, explotada, asesinada. Son expresiones de un mismo hecho: la violencia de género. Porque esta situación es una creación del sistema capitalista; es parte de una cultura consumista y vejatoria que le pone valor numérico a todo, incluyendo los seres vivos, y que hace creer a las personas que pueden llevar a cabo los actos más espantosos e inhumanos por el sólo hecho de tener impunidad para hacerlo.

Cada vez que miremos al futuro y nos imaginemos la clase de sociedad que queremos tener, libre de la opresión del capital, hombres y mujeres tenemos que recordar que nuestros cuerpos deben ser los primeros que se liberen de esa opresión, que no somos bienes de consumo y que esta estrategia ha sido urdida para separarnos, para ponernos en bandos diferentes. Pero el día que comprendamos que somos uno y que tenemos el mismo objetivo ese futuro será posible, el día en que nos demos cuenta que la libertad de uno es la libertad de todos; que si la mujer es víctima de la violencia también (de otro modo) lo es el hombre. Nuestros destinos no están separados, sino todo lo contrario; van de la mano y es momento de empezar a verlo en pos del futuro que queremos para la humanidad.

Written by Yanina Paula

March 9, 2011 at 5:05 am

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¿Quién es el criminal?

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Nuevamente, el poder estatal arremete en contra de los derechos civiles; como le es habitual, en contra de la voluntad popular. Esta vez se trata de una ciudadana argentina, Alicia Castilla, la “señora cannabis”. Todos han visto, aunque sea de paso, su libro, Cultura cannabis, en los quioscos de revistas. Ella misma hizo todo el trabajo: lo escribió, lo editó y luego lo distribuyó por muchísimos lugares de Buenos Aires. Cuenta que los canillitas creían que les iba a dar un libro de poemas, y que les cambiaba la cara cuando veían la chala impresa en la tapa de los libros. Luego de repartirlos se tomaba el colectivo de vuelta a su casa y en el viaje empezaba a recibir llamados de los quiosqueros a quienes les había repartido el libro pidiéndole más ejemplares. También ella misma fue a venderlos. Se puso un puestito en plaza Francia y, como era de esperarse, fue un éxito, sobre todo entre sus compañeros de feria.

¿Esto es un crimen?

Alicia Castilla es una mujer de 59 años, es licenciada en ciencias de la educación y psicoanalista. En su biblioteca cuenta con libros como Plantas de los dioses, Historia general de las drogas, Las puertas de la percepción. Es una pionera en materia de difusión de información acerca del cannabis, y eso le ha costado caro: ha enfrentado múltiples denuncias en una clara violación de su derecho de expresar sus ideas libremente. Pero, como todos sabemos, las ideas son peligrosas para aquellos que no quieren que se piense. En estos tiempos la sociedad exige un cambio de perspectiva con respecto al cannabis y exige el reconocimiento y aval del autocultivo (práctica que ha sido promovida por Alicia en otro de sus libros, Cultivo cannabis). Pero el autocultivo también parece ser peligroso para el poder económico.

Es evidente el rotundo fracaso de la política anti-drogas llevada a cabo por éste y otros (casi todos) gobiernos. Constantemente vemos entrar a las cárceles a personas que han sido llevadas por fumarse un porro o por cultivar algunas plantas sin ningún fin comercial. Del mismo modo, vemos a nuestro alrededor ese oscuro poder llamado narcotráfico, al que sabemos poseedor de mansiones, aviones, pistas de aterrizaje, zoológicos, diputados, presidentes. Personas que a pesar de estar violando la ley de modo flagrante, gozan de impunidad total y de protección de los gobiernos que tienen dentro de su bolsillo. Y la ciudadanía asiste inerme a la hipocresía del poder estatal, cuyas leyes no son menos que un escupitajo en la cara. Alicia Castilla, nuevamente, ha sido víctima de este sistema hipócrita y corrupto hasta la médula.

Hace tan sólo algunos meses Alicia decidió mudarse a Salinas, Uruguay, en busca de una vida más tranquila. Pero esa tranquilidad no le duró casi nada, porque un vecino “anónimo” la denunció por tener sus plantitas: en total eran 29 plantines y 24 gramos de marihuana. Una muestra más de la decadencia de nuestro sistema legal, político y judicial, que atenta en contra del pueblo, persigue a quienes debería proteger y los convierte en criminales por el sólo hecho de cultivar una planta sagrada para el consumo personal. Es otro de los tantos atropellos en contra de los derechos civiles y la libertad (la verdadera libertad, no la de mentira que se compra con dinero). En este momento Alicia Castilla se encuentra detenida en Canelones (Uruguay) a la espera de un juicio que tiene una clara motivación política, porque, como ella misma lo afirma, el cultivo y el consumo de cannabis son hechos políticos de una sociedad que se planta frente al sistema y se seguirá plantando por siempre. La voz de Alicia Castilla no puede ser acallada ni siquiera desde una jaula. Al contrario, este hecho debe ponernos a todos más alertas que nunca y nuestro grito debe escucharse en todos los rincones; el grito por la libertad de Alicia, el grito por nuestra libertad.

Written by Yanina Paula

March 9, 2011 at 4:49 am

Las muertas de Juárez: 20 años y contando

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¿Hasta cuándo?

En este artículo, vamos a trasladar al lector a Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua (México). Ciudad Juárez es una ciudad fronteriza, bien al norte de México, que limita con El Paso, Texas. Es un enclave estratégico para el tráfico de drogas y humanos y, como tal, ha sufrido una escalada de violencia sin parangón que hoy por hoy tiene a la población entera completamente aterrorizada. Estamos, sin duda alguna, ante un caso de emergencia humanitaria.

Antes de adentrarnos en el tema central de este artículo, es necesario conocer un poco más la situación política y económica que impera en esta ciudad fronteriza. Comencemos por adentrar al lector en la realidad social de Ciudad Juárez. Cuenta con 1 millón y medio de habitantes inmersos en una disputa sin precedentes entre los diversos cárteles de droga que pelean por el control de la frontera Juárez – El Paso que, junto con la frontera Laredo – Nuevo Laredo, es es mayor punto de paso comercial entre México y los Estados Unidos. Pero no solamente es el terreno de operaciones de las bandas de crimen organizado. Es también un punto clave para la obtención de mano de obra semi-esclava por parte de las empresas multinacionales (especialmente las estadounidenses) como Nike, Siemens, Delphi, Electrolux, Epson, entre muchísimas otras(2).

Este auge de la empresa manufacturera trajo consigo una migración masiva de mexicanos en busca de empleos y medios de subsistencia. La industria maquiladora ofrecía oportunidades reales de empleo a muchas familias en condiciones de pobreza e indigencia. Si bien la tasa de empleo de Ciudad Juárez es de casi el 100%, también lo es la de la pobreza. Casi todos sus habitantes viven en la miseria, en condiciones precarias, sin servicios básicos y sin cobertura médica. Muchos adolescentes tienen que abandonar sus estudios para conseguir un trabajo en la maquila porque a los padres no les alcanza con el salario que les pagan en estas mismas empresas. El sueldo es irrisorio, las jornadas de trabajo, muy extensas (incluso se suele aumentar la cantidad de horas de trabajo con el mismo sueldo) y las condiciones, inhumanas. El 80% de las trabajadoras de las maquiladoras son mujeres. Se dice que esto es así porque está extendida la creencia de que las mujeres son más dóciles y más laboriosas que los hombres. Además, se les puede pagar mucho menos. Ese 80% de trabajadoras mujeres conforma el estrato más bajo de la fábrica: ellas son las que ocupan los puestos peor pagados y siempre sus superiores son hombres.(3)

Ahora vamos a dar paso al fenómeno de la violencia contra la mujer en Ciudad Juárez a través del caso del campo algodonero. Este caso resulta de especial importancia dado que fue presentado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el 16 de noviembre de 2009 ésta falló (en una sentencia histórica) en contra del estado mexicano(4)

El caso llamado del “Campo algodonero” retrata claramente el marco de violencia contra la mujer que se vive desde hace 20 años en Ciudad Juárez. En aquella ocasión, tres mujeres, Esmeralda Herrera Monreal, Laura Berenice Ramos Monárrez y Claudia Ivette Gonzáles fueron encontradas asesinadas en el campo algodonero en las afueras de Juárez. Todas ellas presentaban signos de violación sexual y tortura salvaje. Luego de ser secuestradas y violadas, habían sido golpeadas y posteriormente estranguladas. Se las encontró con las manos atadas por la espalda, sin ropa y con las piernas abiertas. Así las dejaron tiradas y así las siguen dejando hasta el día de hoy.

Esmeralda tenía 14 años el día de su desaparición. Estaba pronta a cumplir los 15 y trabajaba como empleada doméstica. Fue secuestrada cuando volvía de su trabajo a su casa el 29 de octubre del 2001. Laura Berenice tenía 17 años, estudiaba en la preparatoria y trabajaba como camarera. Claudia Ivette tenía 20 años y trabajaba desde hacía 3 en la maquiladora LEAR. El día que desapareció, había llegado 2 minutos tarde a su trabajo y el guardia no la dejó entrar.(4)

Estas son sólo 3 de las más de 1000 mujeres que han sido secuestradas, torturadas, abusadas sexualmente y luego asesinadas en Ciudad Juárez desde el año 1993. Es prácticamente imposible comprender cómo estos crímenes de semejante magnitud siguen ocurriendo luego de tantos años y los “culpables” no han sido aún identificados y capturados por la policía. Examinemos un poco el caso para sacar algunas conclusiones.

Primero, hay que remontarse al año 1993, fecha en que apareció el primero de los cadáveres: el de Alma Chavarría Farel, que fue violada y posteriormente asesinada a puñaladas cuando contaba con 13 años de edad. Como se ve, muchas de estas mujeres son tan sólo niñas. En aquel entonces, el que era gobernador del estado de Chihuahua, Francisco Barrio, minimizó los hechos y se los atribuyó a las mismas víctimas. Dijo que

las muchachas se mueven en ciertos lugares, frecuentan a cierto tipo de gente y entran en una cierta confianza con malvivientes que luego se convierten en sus agresores.”(5)

Cuando la postura oficial es culpar a la víctima no es difícil imaginar qué actitud tendrá el gobierno frente a la investigación y al posterior proceso criminal. Como solución propuso que

“las gentes buenas que se queden en sus domicilios, con sus familias, y los malos que sean los que salgan a la calle”.(5)

Entonces, según la postura oficial, las mujeres debían quedarse en sus casas para evitar ser asesinadas. Esto constituyó una clara violación al derecho a la libre circulación por el territorio que otorga la Constitución a todos los ciudadanos.

A este atropello contra las libertades civiles y los derechos humanos le siguieron muchos asesinatos más. A medida que los asesinatos fueron sucediéndose, el problema se agravó y al gobierno no le quedó otra opción que admitir públicamente que estos homicidios eran atroces, que no eran el producto de la violencia doméstica y que probablemente se tratase de un asesino en serie. La policía finalmente encontró a un presunto culpable. Se trataba de un ciudadano egipcio que no hablaba castellano y que era ingeniero químico en una de las maquilas. Tenía antecedentes penales: había abusado sexualmente de una chica de 19 años en Estados Unidos. Abdul Latif Sharif Sharif, el presunto asesino serial, fue aprehedido, enjuiciado y encarcelado. Para este momento (año 1995), se habían encontrado 7 cadáveres de mujeres.

Pasemos por alto las serias irregularidades con que las autoridades condujeron la investigación. El hecho fundamental fue que, posteriormente a la aprehensión de Sharif, los asesinatos continuaron con las mismas características que los anteriores. Se trataba de mujeres jóvenes, morenas y pobres. Las autoridades, lejos de admitir lo que era evidente ante los ojos de todos, sentenció que Sharif era en efecto el autor intelectual de los crímenes y que contrataba a una banda de choferes desde la cárcel para que cometieran los asesinatos por él. Esta banda fue detenida, por supuesto, y nuevamente los crímenes continuaron.

La organización Nuestras Hijas de Regreso a Casa describe los actos de violencia que sufre la mujer en Juárez:

“En Ciudad Juárez desaparecen mujeres y no se vuelve a saber más de ellas, a menos que sus raptores decidan hacer aparecer sus cuerpos sin vida y con evidencias claras de haber sido brutalmente torturadas y asesinadas, violadas de manera tumultuaria y arrancadas partes de su cuerpo o quemadas. Las víctimas son mujeres jóvenes y de origen humilde, en su mayoría, son raptadas, mantenidas en cautiverio y sujetas a una feroz violencia sexual antes de ser asesinadas y dejadas en lotes abandonados. Todo parece indicar que estas jóvenes son seleccionadas por sus victimarios por ser mujeres sin ningún poder en la sociedad.”(6)

Los circunloquios que han dado las autoridades a lo largo de estos 20 años de impunidad evidencian la complicidad del gobierno con un sistema criminal que tiene su expresión más monstruosa en los asesinatos de las mujeres, pero que comienza con el sistema económico y especialmente con el nefasto TLC (Tratado de Libre Comecio) firmado entre México, Estados Unidos y Canadá. En el documental filmado por Lourdes Portillo se evidencia el rol de las maquilas en este entramado macabro. Se afirma que en la misma maquila, les sacan fotos a las empleadas, fotos de cara y de cuerpo entero, vestidas de manera sugerente. La hipótesis más firme es que las mujeres en gran medida son seleccionadas en base a estas fotografías. Otras evidencias indican que los(as) entregadores(as) son gente que trabaja en la misma maquila y que en efecto su función es facilitar a las mujeres. La mano de obra esclava no se limita al trabajo en la fábrica manufacturera; evidentemente también se comercia con la vida humana; las mujeres son también objeto del comercio sexual que se lleva a cabo entre los diferentes actores: la maquila, el gobierno, el crimen organizado. La empresa, el estado regulador y su brazo armado, la mafia, todos ellos se han adueñado de Ciudad Juárez a punta de pistola y la población no sabe qué hacer. Está impotente, todo el país lo está.

Gracias al testimonio de María de Jesús Talamantes Rodríguez podemos afirmar que la policía mexicana está implicada en estos sucesos y siempre lo ha estado. Ella y su esposo tuvieron un conflicto con sus vecinos. Los vecinos querían golpear a su esposo Pedro y ella llamó a la policía. Cuando la policía vino se los llevó a los dos a la comisaría, y una vez separados, ella presenció y sufrió hechos de extrema violencia. Fue abusada sexualmente por varios oficiales de la policía. Fue llevada a un terraplén en donde se la obligó a ver cómo un grupo de oficiales violaban, asesinaban y prendían fuego a dos mujeres. También le fueron mostradas fotos de cadáveres y ropa de las víctimas.

Esta es una somera presentación de los hechos. La población de Juárez está sometida desde hace más de 20 años a una violencia indiscriminada que se toma su parte con las mujeres, haciéndolas víctimas de crímenes atroces y salvajes, los llamados feminicidios, crímenes de odio contra la mujer. Esto es un hecho que nadie puede negar. Las autoridades han tratado de evitar que la verdad salga a la luz y hasta ahora parecen lograrlo, a pesar de que ésta se manifiesta como algo evidente. El gobierno ha perpetrado una persecusión y hostigamiento sin igual en contra de los familiares de las víctimas que buscan justicia. Los han sometido a interrogatorios denigrantes en los que pretendían culpar a las víctimas de su propio asesinato. Han perdido deliberadamente evidencia y han entorpecido irremediablemente cualquier investigación que se haya querido llevar a cabo. Desde el más bajo estamento de las autoridades gubernamentales hasta el más alto, todos están detrás de esto, todos saben lo que ocurre y la población de Latinoamérica no puede negarlo ni un minuto más. No es cierto que no se conozcan los culpables. Se conocen perfectamente: son el sistema ecnómico basado en el TLC, la proliferación de las maquiladoras que vienen en busca de trabajo esclavo, en busca de seres humanos que son tratados como una mercancía que un día trabaja por un salario miserable y al día siguiente es vendida como objeto sexual y sometida al peor de los tormentos. El gobierno mexicano ha invertido en estas maquiladoras y su trato con Estados Unidos es protegerlas y velar por la perpetuidad de este sistema criminal. Las empresas multinacionales han contratado al gobierno mexicano, literalmente han comprado Ciudad Juárez incluyendo a todos los seres humanos que en ella viven. El crimen organizado también toma parte de lo que ocurre. En este entramado de intereses económicos se ubican estas 1000 mujeres (aunque la cifra real se desconoce) y todas las personas que año tras año son asesinadas en Juárez. La maquila es la mayor inversión del gobierno mexicano. El narcotráfico es un actor siempre presente y que cuenta con un poder inmenso, metido hasta las entrañas en el estado aunque sin formar parte de él. Actores en conflicto peleando por intereses que nada tienen que ver con el pueblo, que como siempre es la mayor víctima, el más oprimido, el más asediado, el que todo lo sufre en silencio, el que nunca tiene justicia, ni medios económicos, ni acceso a ninguno de los servicios básicos que el estado debería garantizar.

Es el pueblo, no obstante, dueño de una fuerza colosal que supera con creces a todo este sistema perverso, pero todavía no lo sabe porque no hace uso de esa fuerza. El pueblo mexicano con el apoyo del pueblo latinoamericano tiene que encauzar su voluntad en una exigencia al gobierno: que anule el TLC y que obligue a las maquilas a irse cuanto antes del país. Encontrar a los asesinos materiales es tan sólo una consecuencia necesaria del desmantelamiento de este sistema, pero no es la solución en sí misma, dado que esto no es obra de unas cuantas mentes psicópatas, sino que es obra de un sistema que permite tal desequilibrio y tal deseo de disponer sobre la vida y la muerte de un ser humano por el sólo hecho de tener impunidad para hacerlo. También la ciudadanía debe meditar seriamente acerca de los efectos reales de esta declarada guerra contra el narcotráfico. Otra exigencia que el pueblo mexicano debe hacer, con el apoyo del latinoamericano, es que el gobierno deponga esta inútil, desgastante e hipócrita guerra que lejos de ser contra el narcotráfico es contra la población civil. El pueblo mexicano tiene el poder de desenmascarar esta mentira pero para eso debe primero admitir lo que está pasando y las causas profundas del problema. El gobierno ha logrado salirse con la suya desconociendo al narcotráfico como un poder equiparable a sí mismo. No son una banda de fascinerosos. Son el crimen organizado y el pueblo mexicano debe tomar consciencia de la inutilidad de la política belicosa para así exigir el diálogo con este actor de las tinieblas. Porque ya no caben más dudas de lo que está pasando.

La única pregunta que queda por contestar es ¿hasta cuándo?

A continuación, el link de YouTube de un documental realizado por Discovery Channel que da cuenta acerca de ciertos aspectos de este tema (aunque no refiere a cuestiones de suma importancia, como por ejemplo las maquiladoras, por eso ha de ser tomado principalmente como una fuente para conocer los testimonios de las víctimas). De todas maneras, el documental que más se recomienda para arrojar luz sobre este tema es el realizado por Lourdes Portillo, señorita extraviada.

Fuentes
(1) http://mexico.cnn.com/nacional/2010/12/15/ciudad-juarez-llego-a-los-3000-asesinatos-en-2010-su-ano-mas-violento
(2) http://www.infomaquila.com/directorio2009/Ciudad%20Juarez.html
(3) www.icev.cat/maquila_feminicidio.pdf
(4) Campo algodonero: Análisis y propuestas para el seguimiento de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en contra del Estado mexicano. CIDH, Caso Gonzáles y otras (“Campo Algodonero”) vs. México. Sentencia de 16 de noviembre de 2009.
(5) Señorita extraviada. Documental de Lourdes Portillo
(6) http://nuestrashijasderegresoacasa.blogspot.com/

Links de interés acerca del tema
http://rcci.net/globalizacion/2002/fg296.htm
http://www.feminicidio.net/
http://nuestrashijasderegresoacasa.blogspot.com/
http://www.mujeresdejuarez.org/
http://www.lourdesportillo.com/senoritaextraviada/index.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Feminicidios_en_Ciudad_Ju%C3%A1rez
http://www.nodo50.org/pchiapas/mexico/noticias/juarez.htm
http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/82679
http://www.mujeresenred.net/spip.php?article190
http://www.cosechademujeres.blogspot.com/

Written by Yanina Paula

February 5, 2011 at 3:17 am

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